lunes, 13 de diciembre de 2010

          Hace muchos años mis abuelos paternos bajaron de los barcos. Uno nacido en Roma y ella en la Calabria. Luego de una travesía de varios días y de morir una hermana de mi nona, la cual quedó en alta mar, llegaron a la tierra prometida. Por el lado de mi vieja, mi nona llegó desde el Brasil a la cuarentena de la isla Martín García. Mi nono se rajó de Turín teniendo en su mente que ya era argentino. Venía sin nada y con muchas ganas de laburar en donde sea.
          El nono Santiago, romano él, aprendió a pialar, enlazar, curar los gusanos de palabra y ha tener muchos hijos con mi nona María, la cual parió como dieciseis y sin quejarse, vieja modista del pueblo.
           Mi nono Luis, trabajó la tierra con vides, hizo vino, trilló el trigo y se casó en San Juan con la nona Angela, la cual también pario muchos hijos y cuidó desde su soledad infantil de todos sus hermanos. Todos ellos muy anarcos, brutos para el trabajo y adeptos a la lectura.
           Donde pudieron hacer todo eso? En Argentina. En Argentina están sus raices, sus frutos y sus huesos.
            Quien le dijo al ingeniero Macri que los problemas de la Ciudad de Buenos Aires se deben a la inmigración indiscriminada?
             Sólo la ignorancia puede hacer creer a ciertos trogloditas que todos sus males son debidos a los bolivianos, paraguayos, chilenos y peruanos.
             En Mendoza, estamos acostumbrados a ver a los costados de las rutas a personitas agachadas en medio del calcinante sol siestero trabajando las fincas y chacras con uvas y verduras. Adivinen quienes son y de donde vienen. Si, son inmigrantes temporarios labrando nuestras tierras.
             En invierno, con frios glaciales, vemos albañiles construyendo casas y edificios. Adivinen quienes son esos constructores. Si, son los bolivianos y chilenos, profesionales del ramo.
             En los colegios y facultades mendocinas abundan los hijos y nietos de ellos, son los compañeros de nuestros hijos y son los futuros medicos, abogados, arquitectos, trabajadores sociales, etc. que van a ser los dirigentes de nuestra querida provincia.
             Mendoza recibió a cientos de miles de inmigrantes y les dió un lugar: ucranianos en Alvear, japoneses en San Rafael, gallegos y gringos en todas partes, sirios y libaneses a montones, muchos judíos, chilenos, bolivianos y más cerca a peruanos. Hoy han aparecidos gente de color de centroamérica y del Africa en nuestras calles.
             Nadie los corre, nadie los amenaza, nadie los ningunea. Se van adhiriendo al lugar como uno más.
             Hay necesidad de convertirse en perseguidor de pobres que vienen a trabajar? Mendoza es muy grande y necesita de todas las voluntades para seguir creciendo. Que no nos cambien la cabeza, que Buenos Aires no nos contagie la peste xenofoba. Esa sociedad de violentos que balean por unos pesos a indigentes que no tienen nada de nada en este mundo no puede tener cabida en esta hermosa Mendoza trabajadora. El desarraigo por cuestion de hambre ya es demasiada pena para que un montón de bestias les arrimen más castigo al inmigrante.
            
           

1 comentario:

RastaChippi dijo...

Desde la rosada se hablaba de xenofobia, que obviamente, ser xenófobo en Argentina, donde gran mayoría somos descendientes de inmigrantes, es una gran contradicción.
La palabra xenofobia genera rechazo popular y eso como mensaje político es una cosa.
Creo que lo que realmente genera rechazo es la actitud de ocupa, de manguero (por TV los ocupa reclamaban a viva voz “que nos den vivienda”).
La mayoría venimos de abuelos bajados de los barcos con hambre, con una mano atrás y otra adelante. Con paso por Hotel de inmigrantes en cuarentena, luego viviendo en pensiones mugrientas o conventillos hasta juntar unos pesos para comprar un terrenito en las afueras donde era más barato. Pero a ningún abuelo, por bruto que sea, se le ocurrió ocupar una tierra que no les pertenecía, ni manguear a viva voz por un lugar donde vivir. Todo lo contrario. De la nada, con el trabajo honesto y ahorrando tuvieron su lugar.