miércoles, 12 de enero de 2011

LA MUERTE RONDA YANQUILANDIA

La señora Gabrielle Giffords ese día del ocho de enero de 2011 no se imaginaba la terrible tragedia que iba a sufrir. Exitosa, joven, muy linda, casada con un astronauta-héroe, fue víctima de los Estados Unidos. Una bala en su cabeza fue el colofón de una vida dedicada al Partido Demócrata. Ese día realizaba una reunión en una ciudad de Tucson llamada Casas de Adobes, con ella se fueron además seis personas de las cuales una era una hermosa niña de nueve años: Taylor. Que recurrente noticia. Cada tanto aparece un tipo o varios y empiezan a meter balas a la gente. Que les ocurre en la mente a ciertos tipos que se las agarran con alumnos en una escuela, desde lo alto de un edificio, en un club de bowling y tiran con armas letales a no saben quien. Pero a la Representante Gifford si le apuntaron a su cabeza. ¿Hay necesidad de acallar a alguien de ese modo? Que motivos pueden tener algunos que justifique poner en la mira la cabeza de una joven congresista y apretar el gatillo que se lleva una vida. Que costumbre la de los Americanos esa de matar. Que fácil les resulta comprar un arma, elegir una víctima y despacharla y de paso, como daño colateral, asesinar a seis personas más. Pobres infelices. Este es el territorio del cual la democracia mundial está orgullosa. Esta es la democracia que se toma como ejemplo en el mundo. Se puede dar estos lujos total formalmente sigue todo igual. Se invade un país hoy, se reparte comida a los marginados por el propio sistema, se celebran elecciones con escasa participación ciudadana, se suicidan operadores de bolsa, se emiten cientos de millones de moneda sin respaldo y se reparten por el mundo, se hacen campeonatos mundiales de deportes que solo practican ellos, en fin todo normal, todo bien. Gracias Argentina mía por ser como sos.



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